Ferrocarriles y seguridad pública

Los Andes, 9 de agosto de 2007
http://www.losandes.com.ar/nota.asp?nrc=391610
Los anuncios oficiales en materia de reactivación del sistema ferroviario argentino están todavía en el terreno de las promesas. Licitaciones postergadas, planes que no terminan por cuajar en acciones concretas, esperanzas no satisfechas de comunidades del interior que esperan con ansiedad la alternativa de los trenes para el transporte de cargas y personas son algunos de los ingredientes que configuran el panorama actual.

Así, los trenes de alta velocidad que unirían a la Capital Federal con algunas de las capitales del interior permanecen en el terreno de lo hipotético, ello aunque las expectativas de muchos de los potenciales usuarios se centrarían más bien en un sistema que no fuera tan rápido pero sí confiable, moderno, higiénico y seguro.

Se advierte, sin embargo, alguna medida de reactivación en el sistema de trenes del interior del país.

No hace mucho, y tras varios años de ausencia, los trenes volvieron a la antigua estación del Estado, en Guaymallén, transportando carga desde y hacia el norte argentino. Y algunos ramales que permanecieron años en desuso en el norte y sur de esta provincia están siendo utilizados en el presente por formaciones que transportan, esencialmente, mercancías o cargas a granel.

El caso es que éstos no son sino solamente tímidos intentos por volver a poner en marcha un sistema que, cuando fue en su mayor parte desmantelado, ya experimentaba falencias no sólo en materia de horarios y regularidad en los despachos, sino que circulaba por vías que ya habían superado su período de vida útil y debían ser renovadas, con sistemas de seguridad anticuados e ineficientes y una desorganización que convertía su desempeño en poco menos que caótico.

La falta de inversiones y de interés llevó a todos los ferrocarriles argentinos a un colapso que se sigue percibiendo en aquellas partes del país donde todavía funcionan: los ramales del litoral se manejan con precariedad, y los trenes que sirven a millones de usuarios en el Gran Buenos Aires, pese a que operan en manos privadas y con abultadísimos subsidios del Estado, lo hacen con grandes falencias que se reflejan en las airadas reacciones de los usuarios.

Mendoza, que recibió el decidido impulso de la estructura ferroviaria para su crecimiento y expansión hacia fines del siglo XIX y principios del XX, sigue necesitando de ese servicio para unirse con el resto del país y para tener alternativas en materia de tráfico interno.

Pero aquí, como en otros lados, el abandono ha cobrado una alta cuota y resta eficiencia a la prestación de servicios. Estaciones desmanteladas o usurpadas, ramales despojados de vías o durmientes, el abandono de los sistemas de seguridad en cruces a nivel se hacen notar pese a que la reactivación se ha dado en forma realmente vestigial.

En pocos meses, no menos de ocho accidentes ferroviarios, parte de los cuales involucraron a automotores, se han dado en nuestro territorio.

Dos mujeres muertas, heridos y daños materiales de consideración son parte de las pérdidas que han producido esos hechos. Pero, también se han producido descarrilamientos con daños en las formaciones y hasta en propiedades linderas a las vías.

Falta señalización en muchos cruces por los que en el presente se han vuelto a movilizar cargas, así como la limpieza de malezas que en la vera de los rieles impiden una adecuada visibilidad a los conductores de automotores.

En muchos puntos deberían existir barreras. La gente se ha acostumbrado a la ausencia de los trenes, y le cuesta asumir que su retorno implica cederles el paso ya que una formación de máquinas y vagones, aunque circule a baja velocidad, no puede ser detenida en pocos metros. Así, los maquinistas circulan haciendo sonar las sirenas en forma casi permanente, algo que se advierte en las horas de menos ruido ambiental, pero no es ése el método más idóneo para dar seguridad a todos.

Hay que pensar qué se hará si los planes de la Nación se llevan finalmente a cabo y los trenes vuelven a circular por nuestro territorio con mayor asiduidad que la actual.

Y si se agrega a todo ello la presunta instalación del sistema de tranvías urbanos que cruzarían zonas densamente pobladas del Gran Mendoza, se debería ya estar pensando en la necesidad de arbitrar medidas y sistemas de seguridad que vayan mucho más allá de los que existieron en el pasado y, ciertamente, que aquellos con que se cuenta en el presente.

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