Palmira se ilusiona y recuerda al tren

DIARIO UNO, 19 noviembre 2007. Mendoza

Palmira se ilusiona y recuerda al tren
 

La chance de que se reanude el traslado de pasajeros hacia Retiro desempolvó viejas anécdotas del esplendor ferroviario.

Enrique Pfaab
epfaab@diariouno.net.ar

SAN MARTÍN– La promesa del regreso del tren de pasajeros y los primeros estudios sobre el estado de la traza Retiro-Mendoza hicieron resurgir en los pueblos y ciudades de tradición ferroviaria algunas historias –sino leyendas– que casi habían sido olvidadas. En Palmira, corazón del ferrocarril en el Oeste argentino, los recuerdos comenzaron a tener mayor frescura y a correr de boca en boca entre los vecinos.
Entre estos rejuvenecidos memoriosos está Guillermo Páez, quien tiene 81 años y fue maquinista entre 1955 y 1981. Este jarillero (como se llama habitualmente a los palmirenses) rescató de entre sus recuerdos la implementación de una particular forma de asegurarse que el convoy tenía vía libre hasta la próxima estación.

Se trata de un rústico pero efectivo sistema implementado después de que ocurriera la tragedia en la estación Alpatacal, en 7 de julio de 1927, donde murieron 30 personas, entre ellas personal ferroviario y parte de la delegación de cadetes chilenos que iba hacia Buenos Aires para participar del desfile del Día de la Independencia.

Así como todos los pueblos que crecían a la vera de las vías tenían –y tienen–una idiosincrasia común, también parecen tenerla quienes allí se han criado.

Sin conocerse y unidos sólo por la línea por donde supo correr el expreso “Aconcagua”, el maquinista Páez, en Palmira, y el escritor y periodista Martín Zubieta, oriundo del bonaerense pueblo de Alem, recordaron para UNO ese “aro de madera fuerte, forrado con tela gruesa, que tenía un boleto en su interior y que el maquinista enganchaba con un brazo de metal mientras la formación pasaba a toda velocidad”.

“Esa contraseña le indicaba al conductor que tenía vía libre entre esa estación y la siguiente”, agregó Páez.

El maquinista, casi al mismo tiempo, arrojaba sobre el andén el aro con el boleto que había atrapado en el pueblo anterior.

En un soberbio relato que todavía no conoce la impresión, Zubieta recuerda puntualmente un domingo primaveral de 1975, cuando se jugaba una final de la liga de fútbol por aquellos lares y en donde el “Aconcagua”, el aro y su contraseña quedaron irremediablemente involucrados en semejante acontecimiento.

Los equipos de Alem e Yrigoyen se enfrentaban esa tarde en la cancha de este último y nadie quería perderse semejante acontecimiento. “Pero había dos tipos que tenían que laburar esa tarde”, dice el escritor. Eran el Amarillo García y el Petiso Biotti, que trabajaban en la estación de trenes y estaban de turno.

“La historia cuenta que el Amarillo y el Petiso no aguantaron más y se mandaron a mudar, se fueron al carajo, partieron rumbo a la cancha en bicicleta y dejaron la pequeña estación vacía, sola, abierta, sin nadie. En el raje, ni se acordaron de colgar el anillo con el boleto de vía libre”, relata Zubieta.

“Esa tarde, a la hora del partido, pasaba el ‘Aconcagua’. Y pasó. Pero no pudo seguir: la falta del pase libre le impedía avanzar hasta la próxima estación”, recuerda Martín.

Dos horas estuvo detenido allí el expreso con su pasaje completo. Finalmente “a los policías que estaban en la cancha alguien les avisó del papelón y ellos, ellos mismos, llevaron al Amarillo y al Petiso hasta la estación”.

Maquinista. Guillermo Páez (81) es uno de los memoriosos de la época en que el tren de pasajeros recorría gran parte del país.

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Dos horas parados por el fútbol

“En el tren viajaban más personas que las que vivían en todo el pueblo y la estación, ni hablar, sólo tiene un baño y una sala de espera. Nada de bar, nada de asientos. Toda la gente deambulaba sin saber qué hacer y sin alejarse demasiado del tren, por las dudas. No había un alma, nadie. Sólo la multitud itinerante que no entendía qué sucedía ni dónde estaba: Alem no suele figurar en los mapas”, cuenta el escritor Martín Zubieta.

Historiador y periodista, Zubieta es oriundo de ese pueblo de Buenos Aires, hincha del club homónimo y recordó así la tarde de final de campeonato en que el tren estuvo dos horas parado en la estación. El era un pibito de la mano de su padre.

“Después de dos horas, el ‘Aconcagua’ partió. No sé con cuánto retraso habrá llegado a Mendoza. Lo cierto es que por única vez en la historia, el ‘Aconcagua’ paró en Alem y que a la noche, en la cena de los campeones que se hizo donde ahora está la cancha de vóley y a la que mi padre me llevó, todos los jugadores me firmaron un banderín blanco con el escudito del club. Todavía lo tengo”.

Posibilidades

El tren de pasajeros Buenos Aires-Mendoza podría reactivarse y la posibilidad surgió con fuerza luego de un viaje de inspección de vía que hizo la empresa América Latina Logística la semana pasada.

En el periplo, que duró tres días, hubo funcionarios de la Secretaría de Transporte de la Nación y empresarios interesados en la licitación para aportar la infraestructura necesaria. Tomaron nota del estado de las vías y otros servicios.

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