El predio de la ex estación del San Martín

DIARIO LOS ANDES, Mendoza. Editorial
miércoles, 09 de julio de 2008

La posibilidad de que se autorice la construcción de edificios en torre en el predio de la ex estación del Ferrocarril San Martín ha generado críticas, especialmente desde el Colegio de Arquitectos. Es necesario que antes de concretar tal decisión se discuta el proyecto de ciudad que queremos, priorizando el interés público y pensando en las futuras generaciones.

La situación que se ha planteado con la posibilidad de construcción de edificios en torre en el predio de la ex estación del ferrocarril San Martín, debe constituir un llamado a la reflexión de las autoridades de la comuna de la Capital.
 
Esencialmente porque el Colegio de Arquitectos y algunos otros organismos -entre ellos los ex empleados ferroviarios- consideran un error la construcción de los edificios y se vuelcan por establecer allí un nuevo pulmón verde, al que se le podría adosar un “parque ferroviario” que resultará en beneficio no sólo de la Capital, sino de todo el Gran Mendoza.

Cuando se pensó en la nueva ciudad, después del terremoto de 1861, hubo varias propuestas en estudio. Algunas se volcaban por trasladarla hacia la zona de Cruz de Piedra y Barrancas, en Maipú (aún quedan en esos lugares algunas viviendas de la época) porque se consideraba un lugar más seguro, por la conformación del terreno, ante nuevos fenómenos.

Luego de varias discusiones se decidió el traslado más hacia el suroeste -el actual emplazamiento- pero fijando pautas específicas. Fue así que se estableció la creación de plazas cada cuatro cuadras (España, Chile, Italia y San Martín) de una manzana cada una y una central -de cuatro manzanas- la Independencia.

Según los historiadores, los técnicos de la época consideraron que hacia esos lugares podía dirigirse la gente en caso de nuevos terremotos. Inclusive, en el centro de la plaza Independencia se erigió una construcción para que pudiera servir de hospital de campaña para el caso de que se produciera un nuevo movimiento sísmico.

Ubicándonos en la época, puede observarse que nada era dejado al azar. Lo mismo ocurrió cuando se pensó en la construcción del parque General San Martín. Eran momentos en que la Provincia se encontraba con graves problemas sanitarios (con epidemias de difteria, cólera y sarampión) y aluvionales, a raíz de las permanentes inundaciones.

Para enfrentar esos dos problemas, las autoridades de la época contrataron al médico higienista Emilio Coni, a quien se le otorgó el cargo de director de Salubridad, quien editó una obra sobre las posibles soluciones sanitarias.

Con posterioridad, fue Carlos Thays el encargado de diseñar el paisaje, quien volcó en Mendoza toda su experiencia recogida en otros parques importantes del país y del exterior.

Sin embargo, con el correr de los años, aquella impronta de los mendocinos de fines del siglo XIX y de principios del XX comenzó a desvanecerse. Hubo un crecimiento descontrolado de la ciudad, especialmente en las zonas del pedemonte, donde se multiplicaron las villas inestables y otros emprendimientos inmobiliarios.

Y la última discusión se centra en la proliferación de edificios en altura que no sólo están modificando la fisonomía de la ciudad sino que están haciendo desaparecer los espacios verdes que permitían las antiguas construcciones, donde cada vivienda contaba con un amplio espacio en el fondo, que se convertían en el corazón de las manzanas.

Ahora la discusión se ha trasladado a la posibilidad de que se establezca un importante emprendimiento inmobiliario en el espacio que ocupaba la ex estación del ferrocarril General San Martín. Se menciona que allí existe la posibilidad de que se construyan diez edificios en torre, de 80 metros de altura cada uno.

Una entidad con un amplio conocimiento en la materia, como el Colegio de Arquitectos, fue la primera en dar la voz de alerta. Señala que mientras los urbanistas fijan un óptimo de 300 a 350 habitantes por hectárea como densidad de población para una ciudad, en el caso de Puerto Madero se está hablando de 600 habitantes.

Aseguran entonces que existe una ley de 1991 que declara el predio como una reserva ambiental urbana, la que fue parcialmente derogada en 2004 y destaca luego la entidad que es necesario preservar el patrimonio ferroviario, arquitectónico y forestal existente, advirtiendo sobre el impacto que podría tener en la zona un emprendimiento inmobiliario de las características planteadas.

Creemos entonces que, antes de tomar una decisión sobre qué hacer con el predio, debería discutirse la ciudad que queremos y, sin traicionar los principios de libertad, priorizar el interés público por sobre el privado.

Pensando también, como hicieron nuestros antepasados, en las futuras generaciones.

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