La próxima estación según Pino Solanas

“El director de cine lucha contra lo imprevisto”

Su documental La próxima estación se convirtió en una de las películas argentinas del año. El peronismo, las tragedias y el espíritu de una época. Retrato de un artista comprometido y un militante hiperactivo a los 72.

Revista C. 30. Crítica Digital de Argentina.

Por Guido Bilbao fotos diego paruelo – patricio pidal

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En un cine de La Plata, viernes a la tarde. Bajo un arco de cartón con dibujos animados que anuncian un estreno infantil, Pino Solanas saluda. Se saca la gorra negra de ferroviario que usa en estos días y escucha los aplausos con serenidad. Llega acompañado de tres chicos de veintipico que lo escoltan y filman. En el lobby del cine, el público se amucha para verlo. Hay mucha gente grande.

“Hace 40 años que Pino dice lo mismo: hay que defender los intereses nacionales y nuestra riqueza. Son las ideas básicas del peronismo”, explica un señor, jubilado, que se apoya en su bastón y se pone de pie para dar declaraciones. Dice que todavía tiene cosas que aportarle al país y quiere sumarse al Proyecto Sur, que vino a enterarse. Cerca, una chica, en otra cosa. Estudia cine. “Solanas es el mejor documentalista argentino y siempre hay que verlo”, dice y mira al cineasta que empieza a dar notas sin girar mucho la cabeza porque la cola de un tigre fosforescente le toca la melena blanca. Todo el mundo se calla la boca.

“Las vías son las arterias de un país, sus venas. Cortarlas ha sido un atentado. Más de un millón de personas tuvieron que trasladarse a las ciudades y 800 pueblos se convirtieron en pueblos fantasmas. Tenemos que pelear por un tren para todos”, dice él, tan cómodo desde ese territorio entre el arte y la política que ocupa como nadie. Aquí, en el cine San Martín, frente a la plaza, hace varios días que anuncian su presencia para presentar La próxima estación, flamante documental que narra el “ferricidio”, el desmantelamiento de los ferrocarriles argentinos y sus consecuencias. Es la cuarta entrega de la saga de cinco documentales sobre la derrota y la esperanza argentinas que inauguró con Memoria del Saqueo.

Es extraño: el universo Solanas está colmado de argentinos de otro tiempo, hombres que llegan a verlo porque se sienten acompañados, que siguen resistiendo en el anonimato, rumiando la derrota pero pidiendo un round más. Ex delegados, ferroviarios, portuarios, abuelos de la vieja JP con nietos en brazos y con desencanto de los K. Con una fuerza y un amor por este país que no se les pasa ni con los años ni con las traiciones.

Pero que tampoco saben dónde ponerlos y a estas alturas están más confundidos que nunca. Por eso vienen a ver a Pino, a escucharlo entre dos funciones de su película.

Porque Pino parece saber.

Y entonces se arma una pequeña procesión que recorre los pasillos del cine en silencio. Ingresan a la sala pero la película todavía no terminó. Se quedan todos allí, en los pasillos, mirando el final. Cuando termina, cosa rara, los que estaban aplauden y cuando se encienden las luces aplauden de nuevo, sorprendidos por la presencia del director. “¿Pino, cómo nos pasó esto, cómo nos pasó?”, le pregunta una señora desde la tercera fila, sobreactuando un poco. Solanas intenta contestar pero no se escucha. Un anciano, con celular, grita más fuerte.

“Está acá, lo tengo al lado a Solanas; sí, a un metro estará, pegadito”.

Le traen un megáfono. Con la pantalla blanca a sus espaldas dice: “Esta es una cruzada por el ferrocarril, tenemos que pedirlo, pelearlo y cuidarlo. Les pido que recomienden la película si les gustó, para que se vea; a veces pasan como un suspiro y nadie se entera. Los espacios de debate están ocupados con otros temas y frivolidades, y no se discuten los grandes temas argentinos”.

“Pero mirá los que están ahora: quieren hacer el tren bala”, grita un joven al final de la sala. Solanas responde riendo, evitando el enojo, como quien les recuerda a todos algo que a estas horas ya deberían saber.

“La deuda del Club de París la inició Massera. Dicen que le pagaron al FMI y Argentina debe 180 mil millones de dólares.

No han cambiado el modelo neoliberal del menemismo. Este gobierno no tiene ningún proyecto. Kirchner renovó las concesiones petroleras diez años antes de su vencimiento, no tenía ninguna razón para hacer eso. Con la cancelación del tren bala, con esos recursos, se podrían reactivar miles de kilómetros de ferrocarril, generando puestos de trabajo y tendiendo puentes entre los argentinos”.

En la platea, dos motorman que aparecen en la película hablan maravillas del director. “Un tipo humilde, que te trata de igual a igual. Cuando terminó la película nos llamó y nos invitó a la casa a verla. Nos preguntó qué nos parecía, quería saber. Hizo empanadas él mismo. La verdad, me sorprendió eso sobre todo”. Cada día manejan un tren desde José León Suárez a Retiro.

Cuando termina la charla, los espectadores salen golpeados.

Ver estas películas es una experiencia dolorosa. Tanto que en la función del sábado a la noche en el Abasto, en medio de la proyección, una señora en la quinta fila se puso a llorar como si estuviera sola. Como casi nunca se llora en un cine. Un hombre a su lado la abrazó. En la pantalla había una locomotora saqueada hasta el óxido. Esa misma noche, en Cinemark de Palermo, las entradas estaban agotadas Solanas tardó tres años en hacer La próxima estación, que en realidad es solo una parte de otra gran película que tuvo que interrumpir por falta de presupuesto. El proyecto inicial era hacer un docu-ficción que contara la vida de Raúl Scalabrini Ortiz a través de la historia de los Ferrocarriles Argentinos. El protagonista es Lorenzo Quinteros y ya hay gran parte del material filmado. Como en Sur, algunas escenas de la película suceden en “El Progreso”, el café de Barracas. Pero con la ficción, los costos se dispararon y, para no detener el proyecto, Solanas prefirió dividirlo y presentar este documental que sorpresivamente ya lleva 20 mil espectadores en menos de dos semanas. El éxito los agarró de sorpresa. Para el lanzamiento solo hicieron tres copias de la película. Pensaban que con tres salas bastaría. Luego de la primera semana sumaron dos más y ya comienzan los pedidos de los cines del interior. Algunos, incluso, pidieron pasarla en DVD.

Por eso suenan extrañas las acusaciones del ministro Aníbal Fernández, que ató los incendios de los trenes en Merlo y Castelar al estreno del documental de Solanas y a un supuesto complot promocional. Hubo discusiones internas en el gobierno sobre el tema y no faltaron los que se negaban a respaldar un ataque al cineasta. Solanas contestó con una demanda contra Fernández por “omisión ilegal de un acto de su oficio”. La denuncia quedó radicada en el Juzgado federal número nueve, a cargo de Octavio Aráoz de Lamadrid, bajo el número 12.929/08. Estos entredichos con el gobierno, sin embargo, no evitaron que Solanas asistiera al acto en solidaridad con Bolivia al que llamaron diversas organizaciones sociales, muchas de ellas kirchneristas.

La calle

Es lunes por la tarde y Buenos Aires vuelve al pulso de sangre de una nueva marcha. Esta vez es en apoyo a la unidad de Bolivia y a Evo Morales. Convocados por la CTA se movilizaron sectores diversos. Comunistas, lacamporistas, universitarios independientes, turistas curiosos, flamantes jotape con banderas negras y rojas pintadas como en los viejos tiempos, con las letras en papel de diario.

En la primera fila de la manifestación, Solanas camina lento mientras un grupo de chicos lo sorprende de atrás gritando:

“Grande Pino, que capo Pino” y le palmean la espalda todos a la vez. Parece incómodo con el reconocimiento: “Gracias, gracias, vayan”, dice. A su lado, Horacio Verbitsky y Nora Cortiñas. Lo entrevistan de Radio Mitre: “Bolivia está atravesando un intento secesionista que busca continuar con el saqueo histórico de sus recursos naturales. Tenemos que apoyar el proceso de cambio boliviano y de América Latina en su conjunto”. A metros de allí, en la misma primera fila pero al costadito, también marcha Luis D’Elía. Días atrás atacó a Solanas, responsabilizándolo también por los incidentes de los trenes. Dijo que no creía en las casualidades. También se quejó por el desparejo trato que según él recibe de los medios. “Solanas es un blanco de Olivos y por eso se salva, pero como yo soy un negro de La Matanza a mí me pueden demonizar”.

– Pero Solanas defiende los intereses nacionales, como usted.

-Solanas sería más útil si controlara su egolatría- se viste de psicólogo el dirigente k, para agregar después que “quemar ocho vagones de última generación no es un acto de liberación nacional”. Solanas, lo ha dicho, no quiere polemizar con él. Al llegar a la embajada se leen algunos comunicados y para terminar se canta el himno nacional. Los jóvenes de la nueva JotaPé, enfervorizados en el apoyo, hacen pogo con el himno.

Más lejos, el Tata Cedrón canta lo más entonado que puede, mirando al cielo azul del mediodía, disfrutando del sol. Lo mismo que David Blaustein, documentalista, director de Cazadores de Utopías y Botín de Guerra, que dice que le debe mucho a Solanas. “En el otoño del 70 el peluquero de mi barrio me llevó a ver La Hora de los Hornos a una función clandestina -recuerda-. Cuando vi esa película comprendí que eso era lo que yo quería hacer. Solanas es una de las personalidades más importantes de nuestra cultura”.

Pino Pop

En su casa, a diez cuadras de la Quinta de Olivos, Solanas tiene su centro de operaciones. Vive allí y allí también funciona su productora. En la oficina más pequeña, donde trabajan sus asistentes, las paredes están colmadas de biblioratos.

“Diario de Rodaje de El Viaje“, “Facturas de Sur“, “Criticas Internacionales de La Nube“, “Fotos de Locaciones”.

Del otro lado, cruzando una puerta, se abre un cuarto algomás grande donde funciona la sala de edición. Allí están laslatas de todas las películas, los rieles de celuloide que Solanastransitó, y guardan algunas de las escenas más importante dela historia del cine argentino.

Lograr sentarlo un rato para hablar tranquilos no fue tareafácil. Vive contando los minutos. Embarcado en el ProyectoSur, se la pasa de reunión en reunión, de acto en acto, buscandoconsolidar un movimiento que empezó en las elecciones de2007, sin demasiada campaña y con él como candidato a presidente,y que terminó convirtiéndose en la quinta fuerza delpaís. “Lo único malo es que no puedo ver mucho cine porquetermino muy tarde a la noche”, dice Solanas, mientras correcosas del sillón y se sienta. Es martes al mediodía y viste joggingy zapatillas. Cuando habla, la primera sorpresa. Emiliano, unamigo al que le comenté que entrevistaría a Solanas, ya mehabía advertido. “Escuchalo bien a Pino, vas a ver que cada veztiene la voz más parecida a la de Perón”. Es sorprendente.

Julieta, una de sus asistentes, dice que es impresionante cómoaprovecha el tiempo, que encuentra cinco minutos y se pone aescribir, que no para. La cita comenzó siendo 12:40. Luegocambió 12:45 y finalmente fue a las 12:50.

-La vida es una batalla contra el tiempo porque el tiempose te acaba. Y si hay cosas que querés hacer, no te queda otraque disciplinarte y organizarte sino no las hacés nunca. Porsupuesto, es una gimnasia. El cine es una disciplina muy interesante.

La gente no tiene idea de lo que te aporta ser undirector de cine. Dicen “uy, este…”-Va con la camarita..

–Claro, con la camarita, filma… Otros lo asocian con la farándula,”¿la conoce a la actriz, fulana?”, o con la televisión, “Usteddebe ser amigo de Tinelli” –se mata de risa–. Pero hoy, en casitodos los países del mundo el director de cine es el editor de supropia obra. Es el escritor que está obligado a editar su libro.

Ir a la imprenta, fabricarlo y distribuirlo. Lo cual exige unaparte soñadora, poética, de pájaro, y la otra pata metida comoun árbol en la tierra. Trabajás con tu imaginación y con unguión que después tenés que meter en tiempo, cronómetro enmano. Y con limitaciones de presupuesto, de duración, porqueuna película de tres horas no la produce nadie porque no puedeir a los cines. Este oficio exige imaginación y capacidad de realización.

¿Cómo hacen los pibes acá con sus primeras películas?Convencen a todo el equipo: “Vengan, hay choripán, pago elcolectivo y de postre les pongo miel en el dedo y se lo chupan”.

Pero las hacen. El director de cine lucha contra lo imprevisto.

Este año se cumplen 40 desde el estreno de La Hora de losHornos, película fundacional del documental argentino queSolanas empezó en el 65 y estrenó en el 68. Esa película fuela culminación de una búsqueda que había empezado en suadolescencia y que no ha terminado. Los bombardeos a laPlaza de Mayo y la caída de Perón ejercieron sobre él un influjode preguntas profundas. Tenía 20 años cuando sucedieronlos fusilamientos de José León Suárez. En esos tiempos,Olivos, su barrio, era una especie de comarca con algunasesquinas iluminadas. Como la casa del escritor EnriqueWernicke, donde se hacían asados en los que Solanas conocióa Roa Bastos, Roberto Cossa, Lautaro Murúa y a JuanGelman. En otro bar de la zona se podía encontrar a ScalabriniOrtiz y sus amigos ingleses. Solanas conocía a sus hijos y pasabalargas horas en la casa. Estudiaba abogacía con el mayor.

“Para mí era el padre de mis amigos. Era un hombre sencillo.

Tampoco teníamos la conciencia de lo importante que era supensamiento, sus estudios sobre economía, sobre el ferrocarril.

Era todo muy familiar, íbamos a caminar al río”.

En el 58 y con 22 años, Solanas viviría una experiencia quemarcaría su vida y su obra. Eran los días de Petróleo y Políticay de la llegada de su autor, Arturo Frondizi, al poder. El nuevopresidente designó en Gas del Estado al hombre que habíafundado la empresa en el primer gobierno de Perón, el ingenieroJulio Vecaneza. Solanas se convirtió en uno de sus tressecretarios privados. Había participado de charlas sobre energíay le interesaba el tema porque “cualquiera que lea un pocode economía se da cuenta de que la energía es el primer insumode la cadena productiva. Sin la energía no podés hacernada: materia prima y energía”. Fue allí que conoció desdeadentro las necesidades del desarrollo argentino y los peligrosde la dependencia. Cincuenta años después sigue con lomismo. Su próximo documental, La tierra sublevada –quecerrará la saga–, hablará sobre las posibilidades latentes de lariqueza natural.

Sin embargo, Solanas era un hombre de su tiempo. Tambiénestudiaba música y daba clases. Vivía con poco. Escribía guionespara historietas. Le gustaban Los Beatles, claro, peroPiazzolla y Joao Gilberto le pegaron más profundo. Tanmoderno era Solanas que lo tentaron desde la publicidad. Fuea través de su hermano y de un cuñado que Solanas llegó almundo de los jingles. Hizo más de 1200. Muchos de ellos losgrabó en equipo con Horacio Malvicino, guitarrista dePiazzolla. “Casi a todos los productos de los 60 los he atormentadocon mis jingles”, se ríe. Poco a poco comenzó a fascinarsecon el mundo de la filmación. Se corrió unos metrosy empezó a trabajar en producción. Pasó varios años filmandopublicidades. Tenía sus ventajas. Ganaba más dinero y aprendíaun oficio nuevo. “Fue una muy buena escuela, pero en elfondo es tu talento al servicio de la nada, de una botella o deun dentífrico, no sé de qué. Pero ahí aprendí mucho de produccióny de técnica cinematográfica, sobre todo el rigor. Hicealgo de dinero y los fines de semana comencé a trabajar en LaHora de los Hornos. En los días libres hacía unviaje, iba filmando, recolectando imágenes cuandome dejaba la publicidad”.

Solanas, con menos de 30 años, sólo teníaclaro una cosa: quería hacer un fresco sobre lahistoria argentina, contarla de verdad. Le habíagustado Vivir en Madrid de Frederic Rossif,sobre la Guerra Civil española, y miraba los cortosde Alain Resnais. Quería hacer algo así.

Mezclar archivo con escenas documentales. Laterminó en el 68, a los 32.

–Y a veces me dicen que era joven. A los 32años San Martín desembarcaba en el Río de laPlata, y a los 34 empezaba a construir el Ejércitode los Andes. ¿Cuántos tenía Fidel? Y el Chemucho menos. Y Mariano Moreno estaba muertoya. La Hora de los Hornos es el resultado deuna reflexión sobre la Argentina y de muchoviaje y de mucha charla. La película la escribí como un manifiesto.

Y hacer una película te exige dedicación y estudio.

Ahora hace cuatro años que estoy con el tema ferroviario. Heleído 15 libros, entrevistado a 50 personas, todo lo que está alalcance sobre los ferrocarriles. Por supuesto, hoy tengo másconciencia que antes al contar un tema. La Hora de los Hornoses de esas películas que nunca están completas.

-Cuando se habla con la gente que vio la película en aquellosaños, se percibe una especie de nostalgia por esa épica de verlaen la “clandestinidad”.

-Todo eso surgió antes de hacer la película. Proyectandocortos cubanos y algunos argentinos. Eran proyecciones enlas casas, había cierto tufillo de cosa clandestina porque estabatodo prohibido. Y nos dimos cuenta de que la gente acudía,que cuando se cambiaba un rollo se motivaba para hablar dela situación presente, y así nació la concepción de una películaacto, de un cine acto.

-Quizá lo más parecido a eso que han vivido las generacionesposteriores ha sido esconderse de los padres para mirarpelículas porno.

-Siempre está el lugar de lo prohibido. Las dictaduras acentuaronla curiosidad sobre la realidad y cuáles eran las causasde los males sociales y políticos. Actualmente la cerrazónsobre los cuerpos y demás lleva a los jóvenes, sí, a encerrarsepara ver una imagen pornográfica.

-Las entrevistas que le hizo a Perón en Puerta de Hierrofueron un puente fundamental entre el líder y la juventud. Ala luz de la historia, y sabiendo lo que pasó luego del regreso,¿se ha sentido alguna vez un instrumento de Perón?-En estas cosas no hay alguien que instrumenta al otro. Hayuno que tiene un gran mensaje para dar y otro que es su vehículo.

Y los dos nos hemos retroalimentado. Digo, los dos no.

No vamos a pensar que Perón se retroalimentó de mí. Nosotrosrecogimos el testimonio de él, su palabra. Pensamos que esoiba a quedar para siempre, son películas documentales. A míme hubiera gustado ver un documental sobre el 45, o del golpedel 30, o las tertulias literarias de los años 30. Entonces mivocación nace en esa idea. El principal dirigente de laArgentina ganaba por amplia mayoría y estaba en el exilio,era muy importante. Hasta ese momento, Perón se comunicabasolo con audio; mi generación y las siguientes no lo conocían.

Y Perón, hablando a cámara en primer plano, era comosi estuviera ahí con la gente. Por supuesto quetodo aquello estaba imbuido de cierta épica.

El ExilioSolanas estuvo exiliado entre el 75 y el 83. Vivióen Francia, donde ya lo conocían por su cine.

Consiguió dar clases. Fue un “exilio atemperado”.

Escribió alrededor de cinco guiones, entre ellosEl exilio de Gardel, que reescribió cuatro veces yque finalmente estrenó en el 85, luego de filmarlaentre París y Buenos Aires. Ganó en Venecia yen La Habana. Luego, con Sur, en Cannes.

–¿Se puede comparar en algo el exilio que sevivió en los 70 con el exilio económico post2001?–Son circunstancias totalmente distintas. Peroel extrañamiento de la tierra y de la patria creanproblemas afectivos, sentimentales y psicológicosmuy agudos. Uno extraña. Sus calles, su realidad y todo esogenera una atmósfera melancólica. Cuando hacés cualquierviaje pasa un tiempo y extrañas las cosas más elementales. Alos seis meses te querés morir. Al año empezás a tomar mate,a comer dulce de leche. De todas formas no se puede compararal que se aleja de su tierra perseguido, corriendo peligro.

Eso lo distingue del que elige por su propia voluntad. Una cosaes el peligro de no realizarte y otra el de que te maten. El exilioes de una soledad espantosa.

–¿Por qué al volver hizo ficción y no documentales?–Yo volví en el 84, cuando se vivía la primavera de laArgentina; era la caída de la dictadura y había una enormealegría que estaba atravesada por toda la tragedia. Pero paralos que volvíamos era muy emotivo. Se vivía un momento casifestivo. El proyecto en ese momento era hacer cine para loscines, no tenía sentido hacer películas clandestinas, habíademocracia, había información. Yo había empezado a escribirEl Exilio de Gardel en Francia y la hice en el 85. Y despuésaparece Sur que es muy complementaria. El exilio de Gardelhabla del exilio exterior y Sur del exilio interior. Con músicade Piazzolla.

–Y letras suyas. ¿Cómo trabajaron?–Fue muy difícil, él estaba en Punta del Este, habíamosquedado que hacía una parte y yo le ponía letra, pero cuandovino al estudio no tenía preparado casi nada. Y entre la músicaque había escrito para Sur yo escogí una parte que meparecía y él no se opuso. Entonces le escribí la letra y eso esVuelvo al Sur. Pero yo tenía una larga admiración por él. Loiba a ver, lo seguí en sus vacaciones en Punta Mogotes, jugábamosal voley con otros amigos. Y en esa época tambiénconocí a Troilo y a Goyeneche. Me gustaba ir a escucharlos,iba a tomar café con ellos. Nosotros hacíamos mucho eso, deir a ver a un escritor y quedarse a esperarlo para hablar algoafuera.

–En La próxima estación un hombre dice que lo que más leduele no es la debacle económica sino la derrota cultural.

–Sí, pero los talentos están. Todo eso está latente. Unocomete el error de mirar el presente y proyectarse a 20, 30años y eso es un error mortal. Como si el país fuera el mismo,como si uno fuera el mismo. Cuando yo tenía 20 años a míme costaba hablar. Iba a lo de Wernicke a escuchar. A lo sumoformulaba una pregunta. Me costaba una barbaridad escribiruna página. Me sentía el más bruto de la tierra y estudiaba yme sentía mal por mis limitaciones. Los desarrollos no soniguales. Pero uno no se da cuenta de que va evolucionandomucho. Yo no sé cómo salen tantos actores, poetas, músicos,arregladores. Pero en realidad prefiero no hablar de la nuevageneración, sería una pedantería, no la conozco.

–¿Cómo sobrevive a contar la historia?–Es como si le preguntaras a un cirujano que opera el cerebroo un corazón. El tipo está normal, no llora de dolor con elenfermo. Cuando uno hace un documental hay situacionesmuy jodidas, de enfrentar una escena dramática o de peligro.

Aun en la ficción, cuando se filma una escena dramática oviolenta los actores se ponen mal. Todo se pone mal, perodespués eso se convierte en un material que lo manipuláscomo si fuera arcilla para dar forma a una película. Y con elcorrer del tiempo uno pierde la frescura y la ilusión. Y es unade las cosas más peligrosas, porque una película no se haceen dos semanas.

-Woody Allen dijo hace poco que envejecer era lo peor. Queno se sentía ni más sabio ni nada de eso, solo veía menos. ¿Quédice usted del paso del tiempo?-El espíritu de uno, yo lo veo en los amigos de mi edad, sesigue desarrollando, y la voluntad también, pero el cuerpo note responde. Los esfuerzos que hacías a los 20 no los hacés alos 40 y menos a los 60. El espíritu podría ir a más y pide más,pero está el tiempo biológico que se acorta… Ese, pibe, es eldrama de la vida…. Y ahora te dejo porque tengo cosas quehacer.

En un rato tiene una conferencia ferroviaria en el Bauen ymañana va a Comodoro Py para ratificar la denuncia contraAníbal Fernández. En el medio termina su próxima película,hace conservatorios y avanza en el Proyecto Sur. Filmando ypeleando. A los 72.

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