Ferroviario: el barrio de los trabajadores del Ferrocarril San Martín

Diario Los Andes, 20 de julio de 2009

Se formó hace más de treinta años por medio del “Banquito Ferroviario”. Sus calles representan a los trenes que alguna vez circularon por el país. Es una de las zonas más cotizadas de Luzuriaga.

Ferroviario: el barrio de los trabajadores del Ferrocarril San Martín

Los vecinos destacan que viven en una zona junto a los viñedos, a 15 minutos del Centro. Foto: Orlando Pelichotti

lunes, 20 de julio de 2009

En el distrito maipucino de Luzuriaga se ubica uno de los barrios que nacieron por iniciativa de los trabajadores del ferrocarril. Se trata justamente del barrio Ferroviario, comunidad que se formó a mediados de los años ’70 a través de la mutual popularmente conocida como “Banquito Ferroviario”.

La Mutual de Ayuda al Personal Diesel del Ferrocarril General San Martín nació por medio de los propios trabajadores quienes aportaron dinero a la sociedad. “Cuando finaliza el año ’61 los mismos ferroviarios armamos la cooperativa y luego la transformamos en una obra social para nosotros”, contó Waldo Giménez (76) quien fue uno de los socios desde sus inicios.

Una vez conformada la entidad, los trabajadores decidieron aumentar sus servicios y comenzaron a otorgar préstamos para la compra de electrodomésticos y demás necesidades del hogar.

Según recordó Giménez en aquella época quien quisiera acceder a un crédito necesitaba la firma de un garante, por ello la mutual otorgaba los empréstitos sin ese tipo de requerimientos, “por eso era como un banco, de allí el nombre de banquito ferroviario”, rememoró el ex maquinista del tren “El Libertador”.

Entre 1962 y 1963 la mutual contó con dinero suficiente para invertir y adquirió los terrenos en los que se ubica el barrio que se encontraban a punto de ser rematados por sus dueños. La misma agrupación se encargó de realizar los planos de lo que sería un conglomerado con casas tipo chalet, aunque nunca pudieron concretarlas. “No pudimos construir porque vaciaron la mutual”, afirmó el jubilado del ferrocarril.

El barrio entonces se levantó mediante un crédito del Banco Hipotecario Nacional gestionado por la mutual con el ministro de Obras y Servicios Públicos del tercer gobierno peronista, en 1973. El dinero otorgado fue para la realización de la primera etapa de la comuna: se loteó todo el barrio pero se levantaron 250 casas, las restantes fueron construcciones individuales de cada uno de sus dueños.

Así fue como entre idas y vueltas el 28 de julio de 1974 se realizó el corte de cintas y la inauguración y entrega de las primeras casas. La barriada soñada e ideada desde sus inicios por los trabajadores del ferrocarril, contiene detalles propios de esa labor como lo son las calles cuyos nombres hacen referencia a distintos trenes que circularon por el país. Así se encuentra “El Sanjuanino”, “El tucumano”, “El Libertador”, “El Cuyano” o “El Zonda”, entre muchos otros.

El Ferroviario cuenta con 475 casas en total y se ubica desde el carril Sarmiento hasta calle Alsina, y desde Francisco Gabrielli hasta Castelli. Nevilda Sánchez fue una de las primeras vecinas en llegar al lugar.

“El 15 de agosto del ’75 me hicieron entrega de las llaves de la casa, fuimos de los primeros vecinos que llegamos, de hecho mi hijo mayor fue el primer bebé que nació en el barrio”, comentó Nevilda.

Las viviendas entregadas en la primera etapa fueron recibidas por los vecinos con cocina, calefactor y calefón, aunque sin medianera. En su mayoría contienen tres habitaciones y en algunas manzanas las casas tienen cuatro dormitorios y dos baños. Cada lote posee una extensión de 250 metros.

Dado que en sus inicios no contaron con ningún tipo de servicio, nació la unión vecinal con el fin de trabajar para adquirir las prestaciones, “todo lo que la gente se propuso y necesitó se consiguió”, afirmó Nevilda Sánchez. Al hacer memoria sobre los primeros años la vecina recordó cuando todas las madres se unieron para poner en funcionamiento la escuela primaria Rieles Argentinos.

“Necesitábamos tener una buena cantidad de chicos para que la pudieran inaugurar, entonces muchas mamás nos movimos en juntar firmas de gente de otros barrios para que se inaugurara la escuela”, comentó Nevilda.

Dos espacios verdes completan la geografía del Ferroviario: uno es la plazoleta en el ingreso de la barriada y el otro es la plaza Teniente José Daniel Vázquez, en honor al aviador militar perteneciente a la IV Brigada Área, quien cayó en la guerra de Malvinas y cuya esposa vive en el barrio. Además de la escuela primaria funciona un jardín maternal, un Centro Educativo de Nivel Secundario (Cens) y una escuela de capacitación laboral.

El fútbol tiene lugar en la comunidad tanto para grandes como para chicos. La unión vecinal se encarga no sólo de administrar la plaza y su mantenimiento sino que también tiene a su cargo la “canchita”. En el lugar se enseña ese deporte para los niños con un profesor contratado por la unión vecinal y también se lo alquila para los más grandes que todos los fines de semana van a jugar sus partidos.

“Con los ingresos que tenemos del alquiler de la cancha hemos hecho una sala para que el profesor de fútbol y el placero tengan un lugar donde guardar sus elementos”, aseguraron Mauricio Sitta y Juan Carlos Badiali, presidente y tesorero de la unión vecinal respectivamente.

Uno de los proyectos que la institución tiene para los próximos años es el de realizar un salón comunitario de usos múltiples para lo cual solicitaron mayor participación de toda la comunidad del barrio.

Dado que el conglomerado no tiene mayores problemas en sí mismo, Sitta y Badiali afirmaron que los próximos proyectos serán en conjunto con otros barrios. Uno de ellos es el de formar una barrera de árboles aromáticos para paliar los olores que llegan a toda la zona provenientes de dos mataderos que se encuentran en las cercanías del lugar.

La zona es altamente cotizada por varios factores que la caracterizan: el orden y la limpieza, la tranquilidad y sobre todo el fácil acceso a distintos departamentos del Gran Mendoza. A tan sólo 15 minutos de viaje en auto se puede llegar tanto a Capital, como a Guaymallén, Godoy Cruz o Luján.

Tradiciones barriales

La comunidad del Ferroviario posee un gran sentido de pertenencia por parte de quienes allí habitan. Según el presidente de la unión vecinal, Mauricio Sitta, ello se logró en parte por la formación de la cancha que atrajo a los niños al propio barrio. “Los chicos que se han criado acá aún de adultos mantienen las amistades. Todos los sábados se juntan a jugar a la pelota en la canchita. Y eso mantiene en pie los valores propios de la vida barrial”, señaló Nevilda Sánchez.

Además, la vecina comentó que todos los años, un viernes del mes de diciembre, los vecinos de la misma cuadra cortan la calle y sacan los tablones afuera para compartir la cena. “Cada uno pone lo que va a comer y pasamos un momento juntos, llevamos una vida muy familiar”, contó Nevilda.

Otra tradición comunitaria era la de armar juegos y repartir chocolate en las fechas patrias para todos los niños, y para el día de la madre se le entregaba a cada mamá una maceta de flores.

Laura Zulián – Especial para Los Andes

El conductor del tren más rápido

Waldo Giménez, quien aportó todos sus recuerdos para la construcción de esta nota, trabajó en el Ferrocarril San Martín y se jubiló como conductor. Como formó parte de la mutual desde sus inicios adquirió una vivienda en el barrio y fue uno de los primeros adjudicatarios. En un pasaje de su relato comentó cómo era su trabajo en la época en que aún los trenes recorrían los rieles del país.

“Conduje el tren más importante de la empresa antes de irme: El Libertador. Era el tren número uno del ferrocarril San Martín. Llevaba 701 pasajeros. El itinerario de la máquina era hacer Mendoza-Buenos Aires en 12 horas 30 minutos. Era el tren más rápido. Usted se subía al tren a las 20.15 y se bajaba a las 8.30 de la mañana del día siguiente”, recordó Giménez.

Viñas de más de 50 años

En medio del asfalto del Ferroviario aún perdura un viñedo, como reminiscencia de lo que alguna vez fue una zona dedicada casi por completo a la agricultura. El cultivo pertenece a la firma Carmine Granata, productores vitivinícolas cuya bodega se asienta en Luján de Cuyo.

El viñedo en cuestión tiene más de sesenta años de existencia, posee una extensión de 16 hectáreas y produce uva malbec. Para los vecinos del barrio el cultivo genera un microclima muy especial, sobre todo en verano cuando se realiza el riego del mismo.

“A todos los viñedos de la empresa se los ha modernizado, los hemos reparado y alambrado. Como tercera generación de productores pensamos conservarlos porque es muy importante cuidar las raíces de la familia”, aseguró Beatriz García de Granata, nieta política del fundador de la bodega hace 75 años.

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