Cómplice de ferrocidio

Fecha: viernes, 20 de agosto de 2010, 9:22

El ingeniero Mauricio Macri quiere tirar a Néstor Kirchner por la ventanilla del tren. El exabrupto del devaluado dirigente de la derecha argentina (en realidad, uno de tantos. Nuestro país es generoso en producir estos ejemplares) me trajo a la memoria libros, películas y situaciones históricas al respecto.

La primera dificultad es conseguir un tren. Sólo en el conurbano bonaerense subsiste este servicio de transporte de pasajeros. Del maltrato que sufre la gente que lo utiliza, ni hablemos. Hacinados, burlados los horarios, los asientos destruídos, en fin, una mugre. Imagino a Macri pasajero de alguno de esos vagones y me siento Bretón.

En 2003, el entrañable editor, poeta y militante de izquierdas, mi amigo José Luis Mangieri editó “El Ferrocidio”, de Juan Carlos Cena, para su sello La Rosa Blindada (como un homenaje a Raúl González Tuñón). Luego, o antes, no importa, el mismo Cena y bajo el mismo sello, publicó “El Guardapalabras (Memorias de un ferroviario)”, con prólogo del querido Osvaldo Bayer. En ambos textos se da testimonio del daño monstruoso que el dinosaurio de La Rioja le produjo al aparato productivo nacional y, fundamentalmente, al tejido social argentino. Pueblos enteros murieron o languidecen a lo largo y ancho del mapa de la patria. Ustedes recordarán las tremendas jornadas de resistencia de los laburantes de los rieles; y la respuesta privatizadora: “ramal que para, ramal que se cierra”.

Macri dice, está grabado y filmado, que Menem fue el gran transformador. Y tiene razón. Transformó pueblos pujantes, en comarcas fantasmas. Transformó tierras fértiles, en campos yermos.

Me acordé, también, de “El ferroviario”, la película de 1955, dirigida y protagonizada por Pietro Germi, esa mirada del noble trabajo de maquinista, vista desde los ojos neorrealistas de un pibe italiano de la posguerra.

O de “Tira a mamá del tren”, de 1987, con la batuta del enano gigantesco Danny DeVito, inspirado en Alfred Hitchcock.

Al final, voy a termina agradeciéndole al crispadito alcalde municipal, haberme sacudido el disco rígido de mi memoria para saborear estos recuerdos.

De lo que se trata, vuelvo a nuestros días (no queda otra) es de subirnos al tren, sin tener que tirar a nadie por la ventana. Para eso habrá que reconstruír (ahora con mentalidad federal y no inglesa) el mapa ferroviario del país. Que cada uno ocupe el asiento que le corresponde, sin codazos ni robos ni escupitajos.

Mientras tanto, mientras Mauri deshace Buenos Aires, este jubilado mendocino añora los viajes en tren. En uno de esos, leí Rayuela, por primera vez. En ese viaje me hice mejor ser humano.

Julio Rudman
Amengual 920, Godoy Cruz, Mendoza, Argentina (5547)
Tel.: 0054-261-4270524

Anuncios

Una respuesta

  1. Se me hizo un nudo en la garganta, sin palabras…..y con todas las que te puedas imaginar….un abrazo para todos..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: