Un amor sobre rieles

JULIANA FERNANDEZ COLLADO
Concurso de Historias de Vidas Ferroviarias

Cuando somos niños, la gente grande suele preguntar qué queremos ser: superhéroe, modelo, famosa, doctor, maestra; mil y un respuestas basadas en aquella persona por la que sentimos una profunda admiración. Esa persona puede ser mamá o papá, en el caso de esta escritora, yo sentí siempre mucha admiración por mi abuelo.

Fue aquella persona que me enseñó las cosas más importantes de la vida, de la manera mas simple que se pueda pensar, y es por eso que ahora soy yo quien les quiere contar acerca de él. Entre sus enseñanzas siempre me repitió que debía valorar mi educación, él se fue de su casa cinco años para estudiar. Es entonces cuando me planteo, ¿y a mi me cuesta levantarme todas las mañanas para ir? Pero dejando un poco al margen esas historias, quiero contarles aquellas que me inspiran a escribir esto desde el profundo cariño que le tengo.

Por lo tanto, me siento con él en el jardín, y luego de mostrarme muy orgulloso sus parras, compartimos unos mates dulces. Cuando le hice la primera pregunta sobre el tema en cuestión, sus vidriosos ojos parecieron refulgir con un brillo de juventud anhelada.

-¿Te acordás cuando empezaste a trabajar en el Ferrocarril?

-Eso fue hace mucho m’ija, allá por 1945. Las necesidades eran muchas, éramos diez hermanos y cada uno tenía que contribuir con lo que podía. Algunos de ellos se casaban y se iban, pero igual era difícil. El ferrocarril le daba vida al país, a la provincia. Teníamos un chiste personal, entre los compañeros decíamos que “nuestro país va sobre rieles muchachos, y nosotros lo dirigimos”-(risas)- todos cumplíamos un papel importante, el maquinista, el que manejaba el carbón, el inspector.

-¿Viajabas mucho?

-Sí, cumplía un horario estricto y nadie podía desobedecerlo pero después de los primeros meses trabajando, tuve la mejor escusa para trabajar con todo empeño.

-¿Te pagaban más?

-No exactamente, conocí al amor de mi vida.

-¿Conociste a la abuela por el ferrocarril?

-Claro, ella acompañó a su padre un día a buscar a una tía a la estación, yo bajé y desde entonces ya nunca pude quitarle los ojos de encima. Pero por supuesto no era tan fácil, tu bisabuelo era bastante, mmm, malo. No dejaba salir a ninguna de sus hijas, cuando la vi fue por pura casualidad.

>Me acerqué cuando su padre se distrajo y le dije lo lindo que le quedaba aquel vestido que llevaba puesto. Y que al día siguiente volvería a pasar.

-¿Y al otro día se vieron?

-No solo la vi en la estación sino que me saludo, estaba apurada porque se había escapado de su casa, y pronto iban a notar su ausencia. Vos sabes, las cosas no eran como ahora. Había que ser serio y pedirle la mano a mi suegro, yo era quizás muy joven para casarme, pero sabía que ella era el amor de mi vida.

>Vos sos chica y no lo vas a entender, pero sabía que con ella quería pasar el resto de mi vida, ella era mi santuario, donde encontraba alegría, paz, felicidad y sobretodo, me amaba tanto como yo a ella. Me hacía ver las cosas de otra manera, era… mágica. Exactamente la pieza que encaja y completa el rompecabezas de mi corazón.

>Paso el tiempo, y nos casamos.

-¿Y ahí dejaste el ferrocarril?

-No, no para nada. Empezar a formar una familia no es fácil, nos ayudaron un poco, y compramos una casita. Ella empezó a trabajar de celadora, y fuimos poco a poco creciendo. Tuvimos hijos, crecimos, fuimos y somos felices.

-¿Cuándo dejaste de trabajar?

-Me jubilé, mis hijos ya habían crecido y se mantenían por sí solos, yo ya era grande y no me iba del ferrocarril solo, me llevaba muchas cosas. Amigos, anécdotas, mi compañera de alma y, además, muchas lecciones de vida.

-¿Te gustará que vuelva a circular el ferrocarril por el país?

-¿Qué otra cosa podría hacerme más feliz que ver aunque sea solo un ápice de mi juventud? El ferrocarril ayudaba mucho al país, fomentaba la comunicación, hoy con todo eso de la internet esta todo muy avanzado, pero sería una buena opción de transporte tanto de pasajeros, facilitando sobretodo a la clase media y baja, siendo más rápido y económico; como de mercaderías. Haría crecer el turismo interior y claro sería muy vistoso para los turistas.

Luego de reflexionar sobre esta charla con mi abuelo, ver su añoranza al ferrocarril, pienso en que el quizás no este equivocado, el ferrocarril debería volver, pues tendría muchos efectos positivos sobre nuestra querida nación. Haría crecer la identidad nacional, y claro, volveríamos sobre nuestras raíces. Y diciendo esto recuerdo. Una frase que me dijo mi abuelo, “viaja, conoce, pero siempre volvé a tu hogar”, quizás eso necesitamos para mejorar, volver a nuestro hogar.

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2 comentarios

  1. Genial, La historia, de echo la palabra de aquellos que vivieron,tiene sentido, y volviendo no sera igual pero contribuira al progreso, aquello que los mendocinos no supieron defender,

  2. Esta historia es parte de un millon de historias de Amor en el Ferrocarril.
    Si pudieramos escribir no terminarian las hojas de cuadernos con relatos de amor y desamor

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