El último lustrador ferroviario

Concurso Historias de Vidas Ferroviarias
Rodrigo Javier DEL MONTE (Maipú)

Era una mañana de otoño, del mendocino, el de hojas doradas con fondo azul  del cielo, y el gris penetrante de la montaña, el de aire frío y sol tibio .Según mis cuentas posiblemente haya sido marzo de 1965.

De la mano de mamá  tomamos con decisión la calle Villalonga desde Av. Las Heras hacia el Norte, con rumbo a la oficina de Movimiento del Ferrocarril Gral San Martín, allí estaba mi papá a poco de terminar su tarea.

Mientras ellos dialogaban unos minutos, no alcanzaban mis ojos para contemplar un mundo fantástico, por lo singular, por lo complejo,  hombres de camisa blanca  y fajas negras en sus mangas, teléfonos de pie de bronce y auriculares de baquelita  con soporte amoldados a la cabeza, palabras inentendibles para mí, voces de distintos tonos, gestos nerviosos, ruidos interminables de teclas de la “remington de luxe” o la “olivetti lexicon 80”. Por  los gestos, entendí que debíamos esperar un  largo rato  para irnos juntos. Enntonces atravesamos el jardín, una alfombra verde, que al más puro estilo inglés, era el orgullo del “sapito”, viejo obrero ferroviario.

Ya estábamos de nuevo a nivel de la calle, y fue una gran sorpresa ver como llegaba la dupla del Ferrocarril Trasandino Chileno, moderno, silencioso, de color amarillo y rojo oscuro. En un instante cansinos pasajeros bajaron, tomaron sus equipajes y  arribaron los colectivos que lo esperaban en la salida lateral sur de la vieja y cuidada estación Mendoza, del Ferrocarril San Martín. Fue un instante y sin embargo  cada vez que paso  por ese lugar abandonado, lo recuerdo hasta con los mínimos detalles..

Fue una  postal de un década de oro del  Ferrocarril Trasandino, tal vez una de las últimas oportunidades que tuvo de unir ambos lados de la Cordillera de Los Andes, un avance extraordinario que de haber perdurado sería fantástico con todas las novedades tecnológicas de este presente, que sin embargo no supo o no quiso conservar lo que ya existía.

Ya volvíamos por  la amplia vereda oeste de la gran Estación Ferroviaria, delimitada por un largo cerco de maderas perfectamente colocadas, blancas, de un metro cincuenta de alto aproximadamente, con sus puntas negras y caladas, eran nuestro límite visual. Al terminar la misma, a metros del límite sur de la misma estaba papá con su saco a cuadros, estilo príncipe de Gales, y el diario bajo el brazo, algo inquieto, esperando en la puerta de un negocio.

Se trataba de un  stand de madera, perfectamente acondicionado para sentar a varios caballeros y lustrar sus botas y zapatos, especialmente a los oficinistas ferroviarios ,era el único lustrador de botas de esas características, de toda la provincia de Mendoza.Estaba perfectamente ambientado, con fotografías del inmortal Carlitos Gardel y de legendarias locomotoras a vapor. Mientras se oía un tango de Julio Sosa, papá me subió a la banqueta y pidió que me lustraran mis botines, acompañaba el rechinar de la gamuza el  lento retorno de la dupla ferroviaria que había visto llegar.Para mí la ultima vez que la vería.

Así terminó esa mañana mágica, ferroviaria desde los aromas, hasta los ruidos, desde las voces hasta las imágenes.El cierre de la puerta de un impecable” Siam Di  Tella” de taxi, puso fin al capítulo, uno más de los tantos momentos profundos y significativos que viví en la larga trayectoria laboral de mi padre.

Hoy, octubre de 2005 estoy absorto, frente a las cenizas todavía humeantes, del puesto del lustrador de  ferroviarios, que la desidia  dejó quemar por algunos desaprensivos .La nostalgia y la impotencia se han  apoderado de mi alma esta noche, y el destino me ha jugado una mala pasada a cuarenta años. La noche literal y metafóricamente se han llevado la luz del día, la del trabajo, la del Patrimonio.

Pero al menos no  han logrado  borrar la memoria colectiva de muchos que vivimos esa época y menos aún  de la pasión que hemos transmitido a las nuevas generaciones tal vez ese sea el mejor homenaje a todos los obreros y  empleados que construyeron esa historia.

(Testimonio recogido de vivencias de mi padre)

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2 comentarios

  1. Me trajo, y me traslado a aquel ambiente, desde pequeño, y ya adolescente, el constante pasaje cuando comence , a trabajar en los coches comedor. y antes de comenzar pasaba para la lustrada de rigor. el señor era de baja estatura, cabello y bigotes negros. hoy es recuerdo pero esta en mi, lo que era eso, no lo imaginan, todo el dia, recuerden tambien corrian los locales.

  2. Es excelente que podamos ilusionarnos con el regreso del tren trasandino, y de los trenes en general. Hago votos para que esto se cumpla. ¡Ojalá nuestros hijos y nietos puedan volver a viajar en este hermoso “carruaje de acero y motores” que tantas alegrías nos legó!.

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