El tren de los dos países

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Durante 70 años el trasandino cruzó la cordillera para unir Chile con la Argentina.

En los años ´90 el histórico tren dejó de correr. Quedaron las vías muertas y las estaciones vacías y derrumbadas. Luego vinieron décadas de abandono y eternas promesas de reactivación de un servicio esencial que nunca más volvió a funcionar.

La esperanza de los mendocinos que dependen del ferrocarril para vivir, los testimonios de quienes añoran volver al andén para ver partir la formación.

El tren de los dos países, un trabajo de Sergio Elguezábal para Telenoche.

Concurso fotografico: 5 premio

5 Premio: “La mirada solitaria” de Emiliano ANTUN

Concurso Fotográfico: 3º Premio

3 Premio: “Ultima estación”
de Marcelo GONZALEZ

Concurso Fotográfico: 1º Premio

1er premio
CONCURSO FOTOGRAFIA “HOMENAJE AL FFCC TRASANDINO”
Foto:
El guarda
Autor:

Antonio Castagnolo

El último lustrador ferroviario

Concurso Historias de Vidas Ferroviarias
Rodrigo Javier DEL MONTE (Maipú)

Era una mañana de otoño, del mendocino, el de hojas doradas con fondo azul  del cielo, y el gris penetrante de la montaña, el de aire frío y sol tibio .Según mis cuentas posiblemente haya sido marzo de 1965.

De la mano de mamá  tomamos con decisión la calle Villalonga desde Av. Las Heras hacia el Norte, con rumbo a la oficina de Movimiento del Ferrocarril Gral San Martín, allí estaba mi papá a poco de terminar su tarea.

Mientras ellos dialogaban unos minutos, no alcanzaban mis ojos para contemplar un mundo fantástico, por lo singular, por lo complejo,  hombres de camisa blanca  y fajas negras en sus mangas, teléfonos de pie de bronce y auriculares de baquelita  con soporte amoldados a la cabeza, palabras inentendibles para mí, voces de distintos tonos, gestos nerviosos, ruidos interminables de teclas de la “remington de luxe” o la “olivetti lexicon 80”. Por  los gestos, entendí que debíamos esperar un  largo rato  para irnos juntos. Enntonces atravesamos el jardín, una alfombra verde, que al más puro estilo inglés, era el orgullo del “sapito”, viejo obrero ferroviario.

Ya estábamos de nuevo a nivel de la calle, y fue una gran sorpresa ver como llegaba la dupla del Ferrocarril Trasandino Chileno, moderno, silencioso, de color amarillo y rojo oscuro. En un instante cansinos pasajeros bajaron, tomaron sus equipajes y  arribaron los colectivos que lo esperaban en la salida lateral sur de la vieja y cuidada estación Mendoza, del Ferrocarril San Martín. Fue un instante y sin embargo  cada vez que paso  por ese lugar abandonado, lo recuerdo hasta con los mínimos detalles..

Fue una  postal de un década de oro del  Ferrocarril Trasandino, tal vez una de las últimas oportunidades que tuvo de unir ambos lados de la Cordillera de Los Andes, un avance extraordinario que de haber perdurado sería fantástico con todas las novedades tecnológicas de este presente, que sin embargo no supo o no quiso conservar lo que ya existía.

Ya volvíamos por  la amplia vereda oeste de la gran Estación Ferroviaria, delimitada por un largo cerco de maderas perfectamente colocadas, blancas, de un metro cincuenta de alto aproximadamente, con sus puntas negras y caladas, eran nuestro límite visual. Al terminar la misma, a metros del límite sur de la misma estaba papá con su saco a cuadros, estilo príncipe de Gales, y el diario bajo el brazo, algo inquieto, esperando en la puerta de un negocio.

Se trataba de un  stand de madera, perfectamente acondicionado para sentar a varios caballeros y lustrar sus botas y zapatos, especialmente a los oficinistas ferroviarios ,era el único lustrador de botas de esas características, de toda la provincia de Mendoza.Estaba perfectamente ambientado, con fotografías del inmortal Carlitos Gardel y de legendarias locomotoras a vapor. Mientras se oía un tango de Julio Sosa, papá me subió a la banqueta y pidió que me lustraran mis botines, acompañaba el rechinar de la gamuza el  lento retorno de la dupla ferroviaria que había visto llegar.Para mí la ultima vez que la vería.

Así terminó esa mañana mágica, ferroviaria desde los aromas, hasta los ruidos, desde las voces hasta las imágenes.El cierre de la puerta de un impecable” Siam Di  Tella” de taxi, puso fin al capítulo, uno más de los tantos momentos profundos y significativos que viví en la larga trayectoria laboral de mi padre.

Hoy, octubre de 2005 estoy absorto, frente a las cenizas todavía humeantes, del puesto del lustrador de  ferroviarios, que la desidia  dejó quemar por algunos desaprensivos .La nostalgia y la impotencia se han  apoderado de mi alma esta noche, y el destino me ha jugado una mala pasada a cuarenta años. La noche literal y metafóricamente se han llevado la luz del día, la del trabajo, la del Patrimonio.

Pero al menos no  han logrado  borrar la memoria colectiva de muchos que vivimos esa época y menos aún  de la pasión que hemos transmitido a las nuevas generaciones tal vez ese sea el mejor homenaje a todos los obreros y  empleados que construyeron esa historia.

(Testimonio recogido de vivencias de mi padre)

Concurso Fotográfico: 2º Premio

2 Premio: “Punto de partida hacia destino”
de Fernando CARGNELUTTI

Un amor sobre rieles

JULIANA FERNANDEZ COLLADO
Concurso de Historias de Vidas Ferroviarias

Cuando somos niños, la gente grande suele preguntar qué queremos ser: superhéroe, modelo, famosa, doctor, maestra; mil y un respuestas basadas en aquella persona por la que sentimos una profunda admiración. Esa persona puede ser mamá o papá, en el caso de esta escritora, yo sentí siempre mucha admiración por mi abuelo.

Fue aquella persona que me enseñó las cosas más importantes de la vida, de la manera mas simple que se pueda pensar, y es por eso que ahora soy yo quien les quiere contar acerca de él. Entre sus enseñanzas siempre me repitió que debía valorar mi educación, él se fue de su casa cinco años para estudiar. Es entonces cuando me planteo, ¿y a mi me cuesta levantarme todas las mañanas para ir? Pero dejando un poco al margen esas historias, quiero contarles aquellas que me inspiran a escribir esto desde el profundo cariño que le tengo.

Por lo tanto, me siento con él en el jardín, y luego de mostrarme muy orgulloso sus parras, compartimos unos mates dulces. Cuando le hice la primera pregunta sobre el tema en cuestión, sus vidriosos ojos parecieron refulgir con un brillo de juventud anhelada.

-¿Te acordás cuando empezaste a trabajar en el Ferrocarril?

-Eso fue hace mucho m’ija, allá por 1945. Las necesidades eran muchas, éramos diez hermanos y cada uno tenía que contribuir con lo que podía. Algunos de ellos se casaban y se iban, pero igual era difícil. El ferrocarril le daba vida al país, a la provincia. Teníamos un chiste personal, entre los compañeros decíamos que “nuestro país va sobre rieles muchachos, y nosotros lo dirigimos”-(risas)- todos cumplíamos un papel importante, el maquinista, el que manejaba el carbón, el inspector.

-¿Viajabas mucho?

-Sí, cumplía un horario estricto y nadie podía desobedecerlo pero después de los primeros meses trabajando, tuve la mejor escusa para trabajar con todo empeño.

-¿Te pagaban más?

-No exactamente, conocí al amor de mi vida.

-¿Conociste a la abuela por el ferrocarril?

-Claro, ella acompañó a su padre un día a buscar a una tía a la estación, yo bajé y desde entonces ya nunca pude quitarle los ojos de encima. Pero por supuesto no era tan fácil, tu bisabuelo era bastante, mmm, malo. No dejaba salir a ninguna de sus hijas, cuando la vi fue por pura casualidad.

>Me acerqué cuando su padre se distrajo y le dije lo lindo que le quedaba aquel vestido que llevaba puesto. Y que al día siguiente volvería a pasar.

-¿Y al otro día se vieron?

-No solo la vi en la estación sino que me saludo, estaba apurada porque se había escapado de su casa, y pronto iban a notar su ausencia. Vos sabes, las cosas no eran como ahora. Había que ser serio y pedirle la mano a mi suegro, yo era quizás muy joven para casarme, pero sabía que ella era el amor de mi vida.

>Vos sos chica y no lo vas a entender, pero sabía que con ella quería pasar el resto de mi vida, ella era mi santuario, donde encontraba alegría, paz, felicidad y sobretodo, me amaba tanto como yo a ella. Me hacía ver las cosas de otra manera, era… mágica. Exactamente la pieza que encaja y completa el rompecabezas de mi corazón.

>Paso el tiempo, y nos casamos.

-¿Y ahí dejaste el ferrocarril?

-No, no para nada. Empezar a formar una familia no es fácil, nos ayudaron un poco, y compramos una casita. Ella empezó a trabajar de celadora, y fuimos poco a poco creciendo. Tuvimos hijos, crecimos, fuimos y somos felices.

-¿Cuándo dejaste de trabajar?

-Me jubilé, mis hijos ya habían crecido y se mantenían por sí solos, yo ya era grande y no me iba del ferrocarril solo, me llevaba muchas cosas. Amigos, anécdotas, mi compañera de alma y, además, muchas lecciones de vida.

-¿Te gustará que vuelva a circular el ferrocarril por el país?

-¿Qué otra cosa podría hacerme más feliz que ver aunque sea solo un ápice de mi juventud? El ferrocarril ayudaba mucho al país, fomentaba la comunicación, hoy con todo eso de la internet esta todo muy avanzado, pero sería una buena opción de transporte tanto de pasajeros, facilitando sobretodo a la clase media y baja, siendo más rápido y económico; como de mercaderías. Haría crecer el turismo interior y claro sería muy vistoso para los turistas.

Luego de reflexionar sobre esta charla con mi abuelo, ver su añoranza al ferrocarril, pienso en que el quizás no este equivocado, el ferrocarril debería volver, pues tendría muchos efectos positivos sobre nuestra querida nación. Haría crecer la identidad nacional, y claro, volveríamos sobre nuestras raíces. Y diciendo esto recuerdo. Una frase que me dijo mi abuelo, “viaja, conoce, pero siempre volvé a tu hogar”, quizás eso necesitamos para mejorar, volver a nuestro hogar.